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A little mayhem /Tane/

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A little mayhem /Tane/

Mensaje por Killian A. Bloodworth el Miér Nov 22, 2017 6:15 pm

22/11 •  22:00 • Estación de policía
Aún no había pasado un mes desde la fiesta, por llamarla de alguna manera, de Halloween, celebración en la que, obviamente, los ekaras no habían participado, sino que habían decidido de manera unánime y sin haberlo hablado con anterioridad quedarse en casa durante esa noche, algo comprensible dadas las circunstancias de la ciudad debido a aquella estupidez americana que tanto parecía fascinar a la gente. Y aun así, no podían decir que se hubieran aburrido, habían tenido su propia noche del terror, oficiales de policía incluidos, y esos no llevaban disfraz alguno, sino que eran muy reales, más de lo que a los ekaras les hubiera gustado. Y lo peor había sido comprobar que uno de los agentes que les habían hecho aquella visita tan desagradable era el mismo tipo que había rondado la fraternidad durante días, por lo que sin duda estaban siendo objeto de algún tipo de investigación, algo que no les hacía la menor gracia.

Killian, por primera vez en su vida, se había alegrado del padre que tenía y de sus contactos y había intentado averiguar qué narices ocurría y qué tenían contra ellos, si es que tenían algo, o si simplemente se trataba de una caza de brujas por el mero hecho de tocarles las narices. Y cuando los contactos del señor Bloodworth, el primer sospechoso de ser el responsable de todo aquello, al menos a ojos de su propio hijo a sabiendas de cuánto odiaba a los ekaras y lo que representaban, no habían sido suficientes, el neozelandés había investigado por su cuenta, y de vez en cuando se dirigía a la estación de policía de la ciudad para, esta vez, ser él quien los observara a ellos. Y aquella noche del 22 de noviembre no era diferente. No tenía nada mejor que hacer, así que había salido a dar un paseo por la ciudad y había vuelto a terminar allí, encendiendo un cigarro oculto entre las sombras de la acera de enfrente a la de la entrada, viendo entrar y salir a algunos agentes y estudiando las matrículas de los coches allí aparcados.

Pero lo que le llamó la atención fue sentir que no se encontraba solo y que había alguien más entre las sombras, por lo que se dirigió hacia donde le había parecido ver movimiento. - ¿Tú también estás cansado de su incompetencia o es que quieres ser uno de ellos y no te atreves a entrar? - Preguntó a la sombra que se había hecho un poco más clara al acercarse antes de dar otra calada al cigarro, una de las pocas luces que se veían allí.



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Re: A little mayhem /Tane/

Mensaje por Tane Rawiri el Sáb Dic 02, 2017 8:05 am

Delante de la estación de policía · 22 de Noviembre · Killian A. Bloodworth
Mi conducta en más de una situación me ha granjeado la atención indeseada de los miembros más autoritarios. Desde pequeño ha sido así, parece que aquellos idiotas no tienen otra cosa que hacer que perseguirme con sus ojos fijos y carentes de sentido común. Diría que es porque soy negro, pero tampoco vengo condicionado por ello.

Quieto espero, quieto observo el espectáculo de luces de neón que pasean junto a mí. Sería imbécil dejarme ver a la ligera, en su lugar soy una sombra más en aquel campal escenario. Escondido junto a un árbol suficientemente ancho para ocultar mi presencia y alejado de la farola más cercana. Si esos miembros de la justicia quisieran jugar con ventaja, pondrían su sede en otro lugar, o, al menos, pedirían al buen ayuntamiento que dotase de luces la acera de enfrente, mediando como excusa un posible ataque de francotirador. Sin embargo, puedo suponer dos cosas ante esta situación. La primera es que son unos vagos de mierda que tienen más interés en ingerir comida y cagar que moverse, y la segunda, que el buen Auckland les ha hecho la peineta más grande de la historia negándoles su petición. Ambas opciones son plausibles. Pero no quiero decantarme por una de ellas porque sinceramente las dos pueden cumplirse a la vez.

Tiro los hombros hacia atrás, desentumezco el cuerpo que poco a poco se me va agarrotando al quedarme en la misma posición y -entretanto- percibo a un extraño demasiado hablador. ¿Qué te he hecho para que quieras hablarme?, ¿te aburres y no tienes con quién gastar tus putrefactos conocimientos? Sí, me decantaré por eso. Paladeo la saliva en mi boca, el moco que se junta en su interior y que compone entre ambos el escupitajo, ¿Qué? Nunca he dicho que fuese un gran partícipe de los modales. Escupo en el suelo, arriesgándome a que un estúpido miembro de investigación criminal se tope con mi saliva y saque una muestra. Fuera mocos no es que mi voz sea más melosa, no me engaño, es la misma entonación cascada, áspera, ronca, profunda de aquel que lleva toda una vida siendo partícipe de la droga del humo—¿Interesado en la opinión ajena? —me pronuncio sometiéndome al sonido y obviando todos los convencionalismos. Cualquiera esperaría que mantuviese el silencio, que dejase que el otro hablase y siguiera preguntando hasta cansarse de mi negativa pero, encuentro que puede ser divertido socializar para variar—. O... ¿Es que en su lugar eres un agente encubierto preguntando a los ciudadanos de a pie que les parece la estación de policías? —inquiero con demasiada acidez. Mi postura es clara, no confío en los desconocidos. Además, si juzgo que voy armado y estoy capacitado para cometer un asesinato delante de la mismísima sede, tendría que gritar a voz de pronto que nadie se acercase a mi persona. Pero dejemos las cosas claras, no me han pagado para ello y sería gastar energía, ¿para qué? Si seguro que es otro igual a mí, alguien que no tiene donde reclinar la cabeza y dejar que su existencia quede convertida en un mensaje ceremonial de una lápida funeraria.

Soy consciente que el desconocido juega con ventaja. Su cigarro y el humo que desprende, al igual que la mota iridiscente que le acompaña e ilumina su rostro en cada calada, hace que tenga una pizca de curiosidad sobre él. No me mal interpretes, sí, si fuma tiene un punto; pero lo que verdaderamente me impulsa a seguir hablando es la falta de años que observo en su rostro. Puede sonar estúpido, pero es un aliciente a que responda su pregunta después de medirle el tiempo suficiente—Hubo un tiempo en el que soñaba con ser el héroe. Disfrazarme de la gloriosa sed de victoria que insuflaba el ánimo de la gente de la ley —empiezo dándome cuenta en ese instante de que todavía poseo cierta labia para contar historias con fundamento—. Pero esos días pasaron, el pequeño que soñaba murió. Y le sustituyó el villano hambriento de someter a la justicia y doblegarla en su propio beneficio —respondo obviando el simplismo en la utilización de las palabras. Podría haber dicho: sí, estoy en contra. Pero prefiero ofrecerle algo obtuso y que él le dé la interpretación que le parezca más conveniente; total, a mi no me preocupa la impresión que le haya dado.


PD: pido perdón por ausentarme tanto. Espero ser más activo a partir de ahora.
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