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Riptide | Privado

Mensaje por Josef A. Liechtenstein el Mar Oct 24, 2017 1:21 am

Recuerdo del primer mensaje :

Piscina Olímpica • 16.40 PM • con Russell


Contra corriente
1. tr. Tramo de agua turbulenta en el mar, causada por el encuentro de corrientes o cambios bruscos de profundidad.


Aguantaba la respiración cuatro minutos y un par de segundos para ser exacto. Había estado midiendo el tiempo desde que se había propuesto mejorar sus habilidades, sabía nadar, había aprendido de pequeño por un instructor privado que llevaron a su hogar sin embargo el cómo aguantar la respiración era algo completamente distinto. Requería esfuerzo y constante trabajo, algo que había dejado de lado tras un tiempo, sobre todo al mudarse de país. Pero de la nada había decidido retomarlo, necesitaba formas de pasar el tiempo, de olvidarse de todo lo que le rodease, y qué mejor forma de algo que consideraba sumamente útil.

El agua de la piscina olímpica era cálida comparada a la que se sentía en un lago o playa por la noche, cosa que a Josef le encantaba porque no le gustaba la sensación de los rayos del sol sobre su piel desnuda. O cubierta, de la forma que fuese, el astro rey no era su amigo, sino su némesis, uno que no había pedido pero que aun así estaba dispuesto a atormentarle. No era un misterio para quienes le conocían que su estación favorita era el invierno, y por el contrario, su tortura llegaba en verano. Amaba la lluvia, la nieve y la sensación térmica que erizaba los vellos, el tener la nariz fría y roja por lo mismo. Era extraño, claramente, pero no era algo que estuviese dentro de sus preocupaciones, no debía de agradarle ni gustarle a nadie, por sobre todo.

No parecía de las personas que tomaban decisiones apresurados, de hecho no lo era, y el estar en aquel lugar no sería su primera infracción a su forma de ser. Había meditado entre otras opciones, sin embargo, se había decantado por retomar antiguos hobbies, y más hondamente, por querer superarse, competir consigo mismo puesto que siempre había sido su peor enemigo. Se exigía demasiado que prácticamente su padre no debía de recordarle sus deberes o a qué aspirar, lo sabía de antemano, claro está, bajo sus propios términos es que alcanzaba sus metas, unas que había fijado antaño.

En el transcurso de los días que había iniciado, los cuales eran periódicos dado su tiempo libre había logrado aumentar siete segundos a su anterior marca. No parecía mucho sin embargo era consciente del esfuerzo que suponía, y que claramente no mejoraría de un instante a otro. Llevaba alrededor de una hora en el agua, suficiente para dar por terminada la sesión del día. Salió por la escalera dispuesta para ello, caminando lentamente por la orilla hasta llegar a un espacio donde tomó asiento. Revisó el cronómetro que colgaba de su cuello, observando el historial de tiempos y perdiéndose en sus propios pensamientos, ignorando qué es lo que sucedía a su alrededor. Usual en el rubio, a fin de cuentas.



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Re: Riptide | Privado

Mensaje por Josef A. Liechtenstein el Jue Nov 09, 2017 8:40 pm

Piscina Olímpica • 16.40 PM • con Russell


Se había sentado de una forma que le permitía cruzar sus piernas, casi adoptando una posición que sugeriría que estaba meditando. Pero no lo hacía, simplemente estaba cómodo de esa forma, mientras se sostenía con las palmas extendidas sobre la superficie. A veces variaba su posición, aunque claro de forma ligera. Aguantaba lo suficiente mientras le prestaba atención a su compañía, para él no era un buen lugar para conversar en la orilla de la piscina sin embargo desde hace unos minutos atrás había dejado de considerarlo como inadecuado. Simplemente estaba concentrado en su interlocutor.

-Me importan cosas que no deberían, lamentablemente-ofreció casi con un tono melancólico, y es que odiaba eso de sí mismo. Pero tampoco era suficiente para amargarle, sobre todo considerando lo complicado que podía llegar a ser Josef. –No porque sea de la realeza tengo derecho de hacer lo que quiera, no funciona así, al menos, no para mí-fijó sus dispares orbes en el contrario. Sabía que quizás otros lo harían, estaba seguro que su hermana sacaba provecho al máximo de ello sin embargo él no podía hacerlo, no se sentía cómodo. Había algo que le producía malestar siquiera de pensarlo. Posiblemente era una exageración de su parte más ignorar sus sentidos nunca le había traído buenos resultados. –Quizás-contestó sin mucho interés, era consciente de que existían situaciones que no podía cambiar, que escapaban de su control. El tan sólo asumirlo había sido ya un duro golpe como para seguir dándole vueltas. –No lo haré-le dedicó una mirada de reproche. Ya le había asegurado ello, no tenía por qué volver a insistir. –Eh, pues…-contestó para tomarse un momento para pensar. –Las últimas que he visto son Westworld, El exorcista, La niebla-usó sus dedos para enumerarlas. –Por ahora sólo estoy viendo American Horror History, mientras van sacando cada capítulo-alzó un hombro. Le encantaba el género de terror, veía películas de aquel estilo cuando tenía siete años, prácticamente creció con ellas y ninguna le había aterrorizado. Era bastante partidario de la frase “es mejor tenerle temor a los vivos que a los muertos”, además, estaba el hecho de que no creía en lo sobrenatural, era un hombre de hechos, claramente, aunque verlo en la televisión era distinto. –Hum…quizás agregaría un día más-añadió mirándole. No estaba seguro de la proporción de días. –Al menos yo no podría, no a menos que estuviese prácticamente sin hacer nada más que ver la serie-y eso sería imposible, siempre tenía algo entre manos, algo a lo cual prestarle atención. Sus estudios eran importantes y considerando lo demandante que era su carrera no veía posible el ignorarla por dos días completos.

-Solo tú podrías regalar algo tan inútil
-le dedicó una mirada burlona. Entornó los ojos y suspiró, dando a entender que se calmaba. -¿Acaso estás celoso?-respondió como contra ataque, ante tanta curiosidad y mofa del azabache. Asintió no sólo con la cabeza sino con una pequeña risa, y es que había visto unas cuántas en los alrededores de la Universidad que seguramente serían material de burla para Russell. Él mismo se burlaba de su actitud ridícula, era obvio que el otro lo haría. –Suerte evitándolas, cada vez son más. Posiblemente sea una enfermedad contagiosa-aventuró con cierta maldad. –No voy a seguir tu juego-le dedicó una mirada que evidenciaba que hablaba en serio.

Estiró una mano y le palmeó la espalda sin medir su fuerza. –Por supuesto que no-el sarcasmo se hizo presente, así mismo una sonrisa burlona. –Algún día te lo mostraré-le contestó con el mentón en alto, riéndose más tarde de ello. Notó que le miraba la espalda, no podía hacer nada contra ello, tampoco le molestaba en realidad. –No soy el más musculoso tampoco. Pero como bastante, a lo mejor es grasa lo que se ve, sería más natural que esas bolsas de esteroides ambulantes que circulan alrededor-se encogió de hombros, riendo. Sabía que no era así, trabajaba igual en su cuerpo como para que eso fuese verdad. Tenía vanidad, como todos, aunque por sobre todo sus metas eran por salud. Mente y cuerpo en perfecto estado.

Le prestó su completa atención al escucharlo. Había preguntado y ahora obtenía la respuesta, además, le interesaba bastante dado que era algo que ignoraba completamente. Asintió una vez al escucharle. –Vaya sí que eres nerd-rió. Todos pensaban que lo era pero lo suyo llegaba hasta los videojuegos, nada más. –No veo razón para negarme-contestó mirándole, quizás no le llamaba ciertamente la atención pero le daría una oportunidad. Siempre se reprendía de ello, de descartar cosas sin intentarlo, algo en lo que trabajaba últimamente bastante. Al parecer Russell había aparecido en el momento exacto de su vida para aprovecharse de ello. –Claramente te pagaría, dije sirviente, no esclavo-entornó los ojos. –Eso sería útil en la edad media, lo siento, ya no eres útil-le hizo un gesto con la mano. –Considera la oferta-fue su momento de guiñarle, divertido por la situación.

-O púdrete tú-vociferó, mirando seriamente al azabache. No estaba molesto, sin embargo tenía tal forma de ser que solía responder fuego con fuego. –Y cómo tú eres el más idóneo para juzgar-entornó los ojos. –Yo podría decir algo muy similar de ti Russell, ¿Pero sabes qué?. No lo haré, no quiero discutir contigo-sostuvo la mirada ajena, demostrando en su expresión que no tenía ánimos de eso. No había aceptado conversar con él y dejar de lado su entrenamiento para terminar en una pelea por una estupidez.

-Eres tan molesto-terminó contestado, riendo por lo bajo. Quizás estaba ante alguien que le ganaba en aquel campo, que lo superaba volviéndose realmente insoportable. Posiblemente le tocaba ahora ser la víctima de alguien así cuando estaba acostumbrado a ser el victimario. –Dilo como broma-una sonrisa juguetona se vislumbró en sus expresiones. –Estoy seguro que de verte en la situación estarías temblando-le espetó con sorna. Su padre podía llegar a ser bastante imponente, además, estaba el hecho de que existía una guardia real y Russell terminaría en un calabozo. O expulsado de una forma bastante no grata. –Te empeñas en desagradar-comentó mirando hacia arriba, haciéndose el tonto con ello. –Lo sé. No te conozco mucho, pero estoy seguro que hubiese sido todo distinto-comentó con una pequeña sonrisa, pero no desagradable. –Igual si te soy sincero, me alegro el haberte conocido así-enfatizó. Por su propia personalidad hubiese sido imposible el llevarse bien, y consideraba que si habían congeniado de cierta forma.

-Lo estás tomando de otra forma Russell-entornó los ojos, reprochándole. –Bah, tonterías-le ignoró, chasqueando la lengua. Esbozó una sonrisa traviesa, manteniéndola por algunos segundos. –Con muchos berrinches, pucheros y bueno, siendo la mimada de la familia. ¿Qué más podría ser?-se rió, sabiendo que podría despertar bromas. Y que su hermana de estar le reprendería. Ahogó una risa que terminó explotando. –Deberías haber visto tu cara-le palmeó, riendo aún. Obviamente estaba bromeando con el asunto. –Seguramente son esos mismos lugares. Igual nunca los he visitado, así que…-dejó en el aire las palabras, demostrando que no tenía mucha idea del asunto.  

Le dedicó una mirada de cansancio, complementándola con un suspiro. No iba a obtener mucho de él. –Posiblemente-estuvo tentando a darle la razón totalmente pero por cómo Russell pensaba algo le decía que quizás era un tanto más inestable de lo que alcanzaba a vislumbrar. Y eso dejaba abierta la posibilidad de que realmente la otra persona no se lo mereciese. Pero Josef quería darle una oportunidad. Asintió con agrado por el esfuerzo de querer explicárselo, tenía la ligera impresión de que no era algo que el azabache haría. O simplemente le estaba dando demasiadas vueltas, todo podía suceder con su volátil compañero. Si había algo que le caracterizaba es que no fingía, era honesto aunque eso no lo hacía bueno, por el contrario, generalmente le encauzaba por el camino equivocado, por el contrario, por el cual nadie quería transitar porque era más fácil lidiar con las mentiras y lo seguro antes de lidiar con la realidad tan complicada de asimilar. Por ende es que le dedicó toda su atención, girando su cuello para fijar sus orbes dispares en él y no quitarlas en ningún momento. Consideró que había terminado, o más bien, era obvio, al escucharle preguntar. Osciló sus ojos hacia el agua por algunos momentos. –Bueno, por cómo yo lo veo, pudiste haber herido a muchas personas. Independiente de si tu intención era sólo castigar a una, no tenías forma de saber qué sucedería realmente-se encogió de hombros. –No puedo juzgarte, no soy quién. Simplemente por cómo soy lo veo de forma racional, y un incendio podría haber sido fatal. Quizás podrían haberse encontrado más personas dentro. Pudo alzarse de tal forma que se volviese incontrolable y se extendiese. Pudo haberse derrumbado y aplastarte si hubieses estado cerca. Una cantidad no menor de posibilidades-explicó, moviendo su cabeza para volver a mirarle. Ni siquiera había tocado el tema relacionado a la iglesia como institución, a la moral, ¿cómo podría cuando no creía en nada como tal?.

Estaba siendo sincero como solía serlo. Pero eso no quería decir que Josef derrochara la honestidad por cada uno de los poros de su ser. Normalmente tenía una coraza impenetrable la cual repelía a cualquiera, inclusive a su hermana. Pero el azabache era distinto, la forma en que se había acercado a él le impedía ser de esa forma, bajaba las defensas. Se permitía ser más cómo debería ser, y como se esforzó en aparentar serlo. No creía en las cosas de filosofía o los consejos referidos por psicólogos, sin embargo, se encontraba pensando en que ser completamente honesto era liberador. Jamás había dicho eso, y tan sólo dejarlo salir suponía un peso menos. –Por lo mismo que preguntaste antes. No he tenido el valor para ello-se encogió de hombros. Había tanto con qué lidiar para tomar esa decisión que tan sólo pensarlo le provocaba dolor de cabeza.

Su pregunta ahora era lo único que debería importarle. Y eso es justamente lo que haría. –No sé por qué de cierta forma pensé que podría ser algo como tal. Será que ya comienzo a entenderte o no sé…-aventuró con una sonrisa divertida. -¿Si no hubieses estado drogado lo habrías hecho igual?-preguntó curioso. Eso requería valor, cosa que a él no le faltaba, sin embargo no podría hacerlo jamás. No en su posición, no sabiendo de antemano las repercusiones que tendría. Ni siquiera debería preguntarse qué sucedería. Ni considerarlo mucho menos.

-Para nada-musitó al instante. No tenía que pensarlo, eso era algo que tenía muy claro. –Estoy muy agradecido de no ser el mayor, imagina el peso que tengo encima por sólo ser un príncipe, no sé qué sería de mí si fuese el Rey. Es decir, sé que puedo con toda la responsabilidad y lo que significa serlo…sin embargo, no es algo que desee. Terminaría por volverme loco, Russell-le miró con serenidad, confiándole sus pensamientos. -¿Por qué odias tanto a tu padre?, me refiero, debe haber algo que sea el inicio, o más bien, lo más sustancial tras aquello-preguntó. Posiblemente estaba ahondando mucho más de lo que debería, sin embargo por otra parte él ofrecería lo mismo a cambio. Era un sujeto justo, a fin de cuentas. O lo intentaba.  



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Re: Riptide | Privado

Mensaje por C. Russell Scaife el Dom Nov 12, 2017 11:01 pm

Piscina Olímpica • 16.40 PM • con Josef

Siempre se había cuestionado desde un punto meramente filosófico el sentido de la existencia. Como el sentido de la muerte y la verdad era que llegaba a la misma conclusión siempre, que los humanos no deberían existir. Era cosa de ver como tenían el planeta, no obstante, le pasaba que ya que estaban todos ahí, intentaba hacer algo por la humanidad. Pero si le dieran el poder de eliminarlos a todos, incluido si mismo, lo haría sin dudar.

Chasqueó la lengua a su respuesta y me miró como: Solo tú puedes cambiar eso, yo no tengo nada que intentar ahí. Russell era del tipo que en realidad no quería cambiar la personalidad de las personas, como tampoco le gustaba que intentaran cambiarlo a él. Le aburría que la gente quisiera ser lo que no era, lo encontraba patético por sobretodo—¿Y eso tiene que ver contigo o por qué te mandan reglas cada día? —dijo la segunda parte con bastante burla en su tono, pero es que así era Russell y no iba a cambiar. Se encogió de hombros, porque seguir intentando en esas respuestas sería una perdida de tiempo. Le sonrió con diversión al escucharle, porque no había visto ninguna, quizá un par de Westworld, pero ninguna de las que él decía, eso le causaba diversión, seguían siendo muy distintos—Tristemente no podremos hablar de series, porque no he visto ninguna —se rió suavemente, antes de mirarle con una expresión de diversión—Ya veremos si quieres alargarlo un día más, Mr. Ocupadolanzó como amenaza de que le gustaría tanto la serie que no podría esperar un día más.

—Sólo tú podrías considerarlo idiota —apostilló con veracidad en su voz, porque un diccionario de insultos era la cosa más útil de la vida, sobretodo para descifrar insultos antiguos—No me gustan mucho rubias o bueno, rubios en tu caso—respondió de vuelta con sorna, la verdad era que las rubias eran un dolor de cabeza y no dudaba que venía de regalo con el color de cabello—Me dará a mi y buscaré a mi princesa para que seamos felices en un castillo en la punta de la maldita montaña —utilizó una voz melosa que en su persona resultaba bastante desagradable, porque el tono burlesco se mezclaba con el objetivo de sonar como una hueca. Entrecerró sus ojos cual gato antes de darle una sonrisa mordaz—¿Se enojó acaso, príncipe?lanzó como una pulla clara al rubio.

—No eres suficiente para bajarme la opinión de mi mismo, rubiorió y cuando comentó lo siguiente, Russell elevó sus cejas antes de omitir una risa—¿Entonces tienes tu ego guardado en una caja y así? —la selección de palabras del contrario le habían resultado más divertidas de lo esperado a decir verdad—Ni idea, Josef. Pero la verdad es que si estás feliz con como te ves, al carajo el resto —murmuró sin mucho interés, era algo que solía decirle su madre y el pelinegro estaba convencido de que era un buen consejo.

—A que no te esperabas que fuera así de nerd. Tengo varias facetas de nerd, pero esas son para otro día —jugó con él, porque la verdad es que Russell en muchos sentidos no era lo que parecía a primera  vista, era totalmente distinto—Vale, pero te aviso desde ya que soy el guerrero —asintió, dado que ese era su personaje favorito desde hacía mucho tiempo—Nah, búscate otro. Prefiero caballero o nada —se encogió de hombros—Así puedo asesinar personas —se rió divertido, antes de negar suavemente.

—Yo no soy el que está haciendo estupideces gestuales ¿o sí? —respondió retoricamente al bajo argumento del rubio—Claramente, tengo bastante experiencia en la materia. Tanto en ser manipulador como también en conocer a ese tipo de víboras —Russell le miró divertido—Pues, dime. Lo espero encantado, Josef. Porque a diferencia del gesto de aquellas mujeres que reseñas, yo tengo claro quién soy y como soy y lo que digas no va a cambiar mi percepción de mi mismo ni menos será un insulto, príncipelanzó por último, porque encontraba una bajeza el decir que tienes algo que aportar, pero luego echarte para atrás.

—Eso no es novedad —apoyó con tranquilidad, porque era cierto. Russell le miró con compasión  por un segundo—Para nada, sería más divertido de lo que piensas. Aunque me mande al calabozo o me mande a golpear, me daría exactamente igual —y era cierto, no le podía importar menos su vida y cuando alguien se siente de esa forma, se pierde el mayor miedo al que se puede apelar—Siempre intento desagradar al resto, es parte de quién soy —sonrió como poseso, antes de fijar su vista en él—Me alegro, es decir, puedo ser un completo idiota cuando quiero —y no se arrepentía, es más, lo veía como una cualidad muy buena.

—No puedes hacer nada para detenerlo —se encogió de hombros y luego se rió por un segundo antes de escucharle—Con todo respeto —no mucho en realidad—Que horrendo tener una hermana así, es decir, no has dicho nada malo de ella, pero ya la imagino y no —negó, no era una tortura a la que quisiera someterse—Es que me sorprende la alienación de las personas —se encogió de hombros—Esos lugares en general son bastante buenos cuando llegas a conocer a las personas que ahí viven. No te niego que si eres, bueno, como tú y no te conocen, te robarían, pero la verdad es que, bueno, tendrías que conocerlos en realidad —no podía definirlo.

Se encogió de hombros y se dedicó a escucharlo, pero a medida que lo hacía, le negaba con suavidad lo que decía—Sabíamos quién estaba dentro y quién no. Llevábamos todo el día ahí, anotando las características de la gente que entraba cosa de asegurarnos que no había nadie más dentro —suspiró por un segundo—La verdad es que mi seguridad no era lo más importante, así que—se volvió a encoger de hombros, porque para Russell no era algo de lo que se sintiera avergonzado, de echo, no lo hacía.

—El valor es algo muy subjetivo, Josef. Esta en tu cabeza, como tus miedos lo están —murmuró, porque él no lo obligaría, pero si le diría aquello, en lo que él confiaba, las verdad era que si quisiera hacerlo, lo hubiera hecho hace tiempo. Pero, también entendía que el valor aveces flaqueaba cuando menos debía de hacerlo, así que para él no era extraño—¿Te irías de tu vida por lo de realeza y todo eso o por qué no te gusta tu familia? —cuestionó, realmente interesado.

—¡Oh!  que me digas eso es el infierno, no quiero ser predecible—murmuró, aún jugando—Probablemente sí, la verdad es que no me importan mucho  las reglas sociales, así no hubiera sido gran terror para mi —respondió con honestidad—Tuve suerte de que no hubiera ningún periodista cerca. Mi padre apoyaba al gobierno de turno en ese entonces, por lo que la gente del otro partido político siempre pagaba a periodistas para dejar mal a mi padre. Claramente, yo era siempre el foco principal porque no me podía importar menos —asintió, porque era cierto, de echo no recordaba cuantas veces salió en diarios, con titulares como: ''Vergüenza en la familia Scaife'' y basuras así.

—¿Estás seguro? Es decir, debes estarlo, tú te conoces mejor que nadie, pero me refiero a que igual yo creo que serías un muy buen rey y que tendrías el temple de serlo, no obstante, la salud mental es importante —podía captar que Josef poseía características para ser un rey (al menos según los libros de Game of thrones. Le miró ceñudo cuando lo escuchó y se pensó por varios minutos si responder. La relación con su padre siempre le había resultado algo demasiado privado como para llegar y decirlo.

Inhaló suavemente antes de observarlo—Es una pregunta muy personal esa —podría haberle contado lo de Elsie y sus locuras, pero la raíz de su odio era otra—Digamos que él también me odia —comenzó—No sé si cuando nací lo hacía, pero estoy seguro que comenzó a odiarme cuando era muy pequeño. Yo, no soy lo que él esperaba de un hijo. Él quería a otro como él, pero yo no quería ser igual de frío y calculador como él —bajó la mirada un segundo—Supe que me odiaba cuando tenía siete años. Era navidad y él me regaló un pequeño traje, igual a uno de sus favoritos, pero yo, en vez de sentirme feliz con ese regalo, me sentía mucho más feliz con un libro que me había regalado mi madre. Desde ahí que me fijé que me odiaba, además, yo lo odiaba de antes, porqué no hacía feliz a mi madre —sus peleas y riñas familiares no era algo que él fuera a tocar ese día—Desde ahí que acepté lo inevitable y me decidí a ser bueno en todo lo que mi padre fracasó. Por ponerte un ejemplo, amo la literatura y la entiendo a la perfección, mi padre no —le miró de nuevo—Es eso porqué me odia, cuando murió Elsie recuerdo que murmuró que ahora si o si le tenía que dejar el futuro de su compañía al más mediocre de la familia —se señaló a si mismo, antes de suspirar y mirarle—Creo que no solo yo tengo odio por mi padre, como te expliqué, él también me odia —.

—¿Te gusta tú familia? Es decir, sacando lo de la realeza y así  —se pasó la mano por el rostro— ¿Te gustaría no ser de la realeza y ser alguien común y corriente?—cuestionó, antes de sonreír suavemente.



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Re: Riptide | Privado

Mensaje por Josef A. Liechtenstein el Mar Nov 14, 2017 6:33 pm

Piscina Olímpica • 16.40 PM • con Russell


Solía tener periódicos dolores lumbares, derivados de la posición que solía adoptar al dibujar o pintar sin moverse en una cantidad de tiempo considerable, horas sin exagerar. Por ende es que al dibujar tal trazo su figura estaba aumentando la carga sobre su cuerpo, y por ende, comenzando a convocar el dolor que nacía desde la región cervical hasta las últimas de la torácica. Se estiró y volvió a adoptar su anterior emplazamiento, con los pies cayendo, rozando el agua con sus dedos al encontrarse en la orilla.

Ignoró totalmente la mirada que el otro le dio, por la simple razón de que no estaba buscando su consejo, tampoco le permitía opinar más allá de ello. Había ofrecido una respuesta que debería ser suficiente, nada más. –Nunca lo entenderías. Tampoco te lo explicaré, no está en ti la capacidad-le dedicó una mirada altiva. Josef no era fácil de provocar, tampoco respondería ante un comentario malintencionado, simplemente, ofrecería una respuesta diplomática y satisfactoria, como lo estaba haciendo. Aunque claramente, eso no le eximía de poder enfatizarlo de acuerdo a sus propios intereses. –Toda una tragedia-enfatizó, como si realmente estuviese considerándolo como algo que lamentar cuando claramente no era así. Sus facciones le impedían llegar a la hipocresía. –Los deberes en primer lugar-se encogió de hombros. Jamás había escuchado de esa serie, por ende es que no iba a perder la cabeza por ella, realmente no debía de ser tan buena para no haber escuchado de ella, de lo contrario sería de amplio conocimiento como algunas que estaban teniendo un particular y enfático revuelo en la red.

-Porque veo claramente la idiotez en ti. Lo siento, pero no realmente-enfatizó con un pequeño guiño en el ojo. –Y la bipolaridad-aunó a sus palabras anteriores, respecto al comentario acerca del color de cabello, claramente con un rostro que evidenciaba tales palabras. –Sería la excepción entonces-decidió seguirle el juego, aunque efímeramente. –Busca una con un buen risco, así tienes una salida fácil por cualquier eventualidad-le ofreció como sugerencia con la maldad en los ojos. –Por supuesto que no, no podría enojarme contigo-le miró seriamente. Pero no había real rastro de emoción en su rostro, simplemente una imagen que solía tener a diario. Molestarse con alguien representaba una total falla para el rubio, un fracaso, y naturalmente sólo su hermana lograba realmente alterarle. Cosas de familia, debía suponer.

-Soy mucho más que suficiente. Mucho más que varios, mucho más que tú, técnicamente-contestó con ligereza. Simplemente estaba jugando la carta de la realeza, aquella que tanto le gustaba utilizar a su acompañante. Ni siquiera reparó en lo de rubio, mirando con sorna al contrario por haber caído tan bajo. –Quizás. ¿Quieres enviarle saludos?profirió molestándole. Bastó escucharle para que la risa brotase en sus labios, siendo incapaz de detenerla. –Suenas como una mala publicidad. O como una frase de un pésimo libro de psicología-y ahí estaba, atacando a la parte irracional. A la subjetivo, a lo humanista.

Ciertamente no se esperaba algo como tal, haciendo ecos las palabras ajenas. Había dado una imagen de chico problema y alocado, sin embargo al final terminaba siendo más normal y estático de lo que concibió según sus impresiones. Posiblemente no estaba tan lejos de alcanzarle, de tener la soltura que el azabache mostraba, y que quizás, era simple exageración. Nada real, más bien, ilusorio. –Fue toda una sorpresa-asintió dándole la razón en aquel instante. –Ansío verlas-comentó con real interés. Quería conocerlo más, y sobre todo para ver hasta dónde podría llegar el contrario. –Puedes ser lo que quieras, no me interesa quitarte tu pequeño juego-contestó mirándole. Por un segundo se sintió como discutiendo con su hermano menor, por quién se quedaba con X cosa. Y Josef como el mayor siempre terminaba cediendo, totalmente contrario a cómo se comportaba con la mayor, siendo una batalla épica cuando se trataba de ambos. –Bufón te quedaría mejor. Podrías tener tu propio traje, ¿Qué dices?-comentó burlándose de este.

-En tu juicio. Uno que responde a tu naturaleza subjetiva-sacó a relucir la discusión que habían tenido en la azotea. Consciente de ello, más no le importaba, estaría siempre preparado y por sobre todo dispuesto a contrarrestar lo que le parecía superfluo. –Por supuesto-su tono no podía carecer más de interés, bastaba con mirarle para darse cuenta de la intención con la que lo había dicho. Josef era una persona práctica, de hechos, no de palabras, y hasta el momento no existía acción alguna que pudiese ofrecerle un mínimo de respeto hacia Russell, una forma de creerle y no pensar por el contrario en una simple hipérbole. Para afirmar estar tan seguro de ti mismo te esfuerzas demasiado en justificarte. ¿Es una especie de mantra o algo similar?-preguntó mirándole y sin darle oportunidad nuevamente intercedió. –Me refiero a que si no logras convencerte a ti mismo de ello no podrás hacerlo con otros-esbozó una sonrisa, sin nada más que decirle que disfrutar del asunto.

-Ciertamente no-coincidió, regalándole un movimiento de cabeza aleatorio, sin un claro sentido. –No soy una chica a la cual impresionar. No tienes que esforzarte tanto, Russell-le reprendió, aunque dada su forma de ser no sonaba como tal. Josef tenía ese problema que a veces solía carecer de emoción al expresarse, por ende, es que muchas veces daba una mala impresión. Más tampoco le preocupaba, hasta el momento no se había equivocado con nadie. -¿También quieres que haga eso?-decidió preguntarle, mirándole con serenidad. No tenía ninguna emoción, sentimiento o pensamiento pernicioso acerca del azabache, no por el momento. De hecho le agradaba, por muy extraño le pareciese. –Te creo-sonrió divertido, pero esta vez no con desdén, sino de una forma sincera. –Conmigo no querrás serlo-ofreció con la misma emoción de antes.

Entornó sus orbes y suspiró, claramente obviando el asunto porque estaba claro que no iba a lograr hacerle cambiar de parecer. Tenían formas de ser tan diferentes que era imposible cambiar algo que por naturaleza estaba torcido. –No tienes que usar adjetivos para decir algo malo-le reprochó con la mirada, pero relajándose más tarde. No había dicho nada ofensivo realmente, no podía molestarse con él por eso. –No es perfecta, pero es mi hermana y la quiero así-contestó con un movimiento de hombro. Era innecesario dar más detalles, por ende se limitaba a dar lo justo y necesario. –Balbuceas, Russell-comentó mirándole con gracia. –Quizás podrías mostrarme qué es lo que me pierdo-miró el agua, fijándose en las ondas que se producían en esta, efecto de la tensión superficial de la misma. Consideraba que era la mejor forma de entenderle puesto que era obvio que le costaba darse a entender lo cual sugería que era algo más bien objetivo, de hechos.

Cuando era su turno de escuchar y guardar silencio era el mejor. Había sido educado de una forma bastante estricta, y parte de eso era saber escuchar, sin embargo, era algo que poseía de forma natural. Había pasado tanto tiempo lidiando con sus propios pensamientos, disfrutando de la soledad, y de lo que podía obtener de observar a su alrededor que se había vuelto una costumbre para él guardar silencio. Prestar real atención. –Ya veo, había algo de planificación detrás-asintió, como dándole una partida a su favor. En su mente se construía como un acto inesperado, explosivo, carente de raciocinio más no había sido así. –Hubiese sido una estúpida forma de morir-fueron sus palabras, aunque realmente no podía evitar sentirse una ligera preocupación por la falta notoria y por sobre todo enfática falta de interés por vivir de parte de este.

-Lo sé. No es una emoción, al menos no para mí, no es la fuerza o una mano invisible que te apoya como la mayoría cree-argumentó con desdén. –Cómo lo veo, es simplemente una palabra que se usa por carecer de una más idónea-se explicó. No haría algo si no estoy totalmente seguro de ello…¿Mejor?-preguntó, buscando la opinión ajena, o más bien, si se daba a entender. –No tengo quejas por mi familia, tampoco por lo que me tocó vivir. Creo que muchos estarían más que contentos con ser de la realeza-una sonrisa burlona se desdibujó en sus labios, mientras sus orbes seguían hacia la pared a lo lejos. –Por paz, estimado. Puedo parecer muchas cosas, dar cierta impresión, sin embargo, si hay algo que aprecio es la tranquilidad. La soledad, quizás tengo más de ermitaño de lo que creo-confesó, riéndose por ello. No le resultaba fácil verbalizarlo, sin embargo la palabra era suficiente para darle un pequeño sentido, mostrar hacia dónde se dirigía.

-Nadie tiene por qué saberlo
-aventuró con una sonrisa a juego con la actitud ajena. Una sonrisa amplia apareció adornado sus labios, exhibiendo las perlas que formaban parte de su dentadura. –Eres todo un personaje-comentó sin variar su postura y mucho menos su semblante. –Seguro hubiese sido un buen reportaje-comentó de forma lúdica. –Qué fácil tuvo que ser para los periodistas el trabajar teniendo a semejante espectáculo ambulante como tú-le hizo un gesto claramente burlón.

-¿Gracias?-le respondió, sin estar seguro de si realmente le estaba haciendo un cumplido, no podía determinarlo fácilmente. Desventajas de no conocerle a fondo. –Algún día te darás cuentas de por qué lo digo-le miró detenidamente, como si fuese una promesa. No tenía que serlo, quizás nunca más volverían a verse. No le debía nada, pero aun así fue algo que nació de él, y no consideró oportuno reprimirse. –En este mundo donde la locura abunda, lo es todo-ofreció con un tono casi melódico, riendo más tarde.

Esperaba que su mirada fuese suficiente, suficiente para decirle que sabía muy bien que era una pregunta concisa, y sumamente personal. Por un instante concibió que podría haber cruzado un límite pero ciertamente el azabache le había dado un nivel de confianza que no había tenido con nadie más. Querer conocerlo ya era algo innato. No sabía si hacía bien, si debía de intervenir o interrumpirle porque era bastante honesto, estaba seguro que cualquier persona en su lugar habría mostrado más empatía, más no era que careciese de ella, simplemente, le estaba dando su espacio y permitiéndole expresarse de la forma que considerase más óptima. Quizás hasta estaba suscitando una especie de terapia, muchas cosas podían suceder sin saberlo. Ya veo. Me disculpo si no te ofrezco un comentario acerca de lo que me acabas de revelar. Considero que no soy quién para decirte qué hacer-posó una mano sobre el hombro de este. Tuvo la intención de disculparse también por la pregunta, sin embargo, Russell podría haber decidido no contestar, por ende, no era necesario de su parte el hacerlo. –Pero, como te dije antes, si necesitas con quién hablar, sabes dónde encontrarme-murmuró, bajando la voz. No ofrecía cosas como esas, tampoco estaba sintiendo pena por el otro. Simplemente sabía que había cosas que no se podían tolerar en soledad.

Era obvio que era un interrogatorio, donde ambos preguntaban sin filtro alguno, no fue necesario decirlo o estipularlo como regla. Fue evidente después de unos minutos. –Esas son dos preguntas-enarcó una ceja. –Sí, me gusta. No es perfecta, pero he aprendido a amarla tal cual es-se encogió de hombros, realmente no podía hacer otra cosa. –Cuando era pequeño habría dado lo que fuese por ello-contestó riendo. –Ahora de mayor creo que simplemente me acostumbré, no concibo otra realidad-aventuró mirando sus manos cruzadas sobre su regazo. Sus dedos entrelazados.

-Ya que hiciste dos preguntas, me tomaré una libertad-le miró. –No te haré una pregunta, por el contrario, quiero que me cuentes cómo es tu familia. A qué se dedican tus padres, quién eres en aquel contexto-musitó, sosteniendo la mirada contraria. Josef no sabía nada de él realmente, por su parte había revelado gran parte de lo que conformaba su vida.



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